Dia del Padre
Hoy no es el día de Julio Oyarce.
Hoy no es el Día del Padre.
Hoy es el Día de los Giles, de los que no saben qué celebran hoy. Es la costumbre de celebrar de Village Father’s Day.
Dos cosas antes de seguir:
1. En cada momento uno es lo que es y hace lo que hace, y no puede ser o hacer algo distinto.
2. Somos o nos hacemos humanos en la comunicación.
Entonces, primero decir que, si queremos ser honestos, hoy no celebramos nada. Hoy es un dia de unión familiar, de reencuentro, de esa alegría pasajera, de ese demostrarnos afecto, tocarnos, pelar los dientes y demostrarnos mutuamente que nos importamos, aunque de vuelta a su cotidiana existencia cada cual continúe preocupado por lo suyo.
Y ya que estamos juntos los Giles, quisiera decir que hablar del Día del Padre puede ser hablar del perdón y la compasión.
Perdonamos a nuestros padres por sus errores de omisión, por su ignorancia. Perdonamos porque nosotros también somos padres ahora y también cometemos los mismos errores. Perdonamos porque no pudieron ellos ser o hacer otra cosa, y porque no pudimos ser o hacer otra cosa tampoco.
Y por otras faltas de nuestros padres, por otros pecados –de esos que llamamos pecados-, no somos quien para perdonar, pero imploramos a Dios, que es Padre de todos, su perdón.
Y entonces, rogando por ese perdón, nos damos cuenta que la oración es lo que nos acerca al perdón. Y así también nos damos cuenta que orando nos comunicamos con Dios y entre nosotros también.
Y así también caemos en la cuenta que iniciamos un proceso lento de perdón, no sólo de nuestros padres sino también de nosotros mismos como padres y como personas.
Oremos por ese perdón y perdonémonos. Perdón por no comunicarnos, por ser tan Giles que no aprendimos algo tan fundamental entre seres humanos. Que mil veces es mejor aprender a comunicar sin temor lo que sentimos que lamentar después haber cometido una falta, un pecado: la agresión, el abuso, la indolencia, la mentira, el silencio cómplice.
Es mejor para un Gil aprender a comunicar y abrirse ante el otro, desnudando humilde y valientemente nuestra pobre humanidad, que vivir después la amargura de la culpa que hace tan difícil la paternidad y el desarrollo como personas. Es mejor abrirse sin miedo que hacer vivir a otro, que espera lo mejor de nosotros, toda una vida de inseguridad, menoscabo y dolor.
Entonces, por compasión, no hagamos de esta corta vida un olvido constante de lo que somos y podemos ser. Por compasión de los demás y de nosotros mismos, evitemos dejar pasar una y otra vez lo que podemos arreglar aquí, en este espacio y tiempo que llamamos vivir, lo que no podremos arreglar en ningún otro lugar.
Vivamos como Giles, pero para ser Buenos Giles. No necesitamos irnos a otras vidas con equipaje de sobra y pagando sobrepeso. Emprendamos ese vuelo ojalá solo con la tarjeta de Crédito Celestial llena en el bolsillo. No seamos tan giles. Oremos …
Hoy no es el Día del Padre.
Hoy es el Día de los Giles, de los que no saben qué celebran hoy. Es la costumbre de celebrar de Village Father’s Day.
Dos cosas antes de seguir:
1. En cada momento uno es lo que es y hace lo que hace, y no puede ser o hacer algo distinto.
2. Somos o nos hacemos humanos en la comunicación.
Entonces, primero decir que, si queremos ser honestos, hoy no celebramos nada. Hoy es un dia de unión familiar, de reencuentro, de esa alegría pasajera, de ese demostrarnos afecto, tocarnos, pelar los dientes y demostrarnos mutuamente que nos importamos, aunque de vuelta a su cotidiana existencia cada cual continúe preocupado por lo suyo.
Y ya que estamos juntos los Giles, quisiera decir que hablar del Día del Padre puede ser hablar del perdón y la compasión.
Perdonamos a nuestros padres por sus errores de omisión, por su ignorancia. Perdonamos porque nosotros también somos padres ahora y también cometemos los mismos errores. Perdonamos porque no pudieron ellos ser o hacer otra cosa, y porque no pudimos ser o hacer otra cosa tampoco.
Y por otras faltas de nuestros padres, por otros pecados –de esos que llamamos pecados-, no somos quien para perdonar, pero imploramos a Dios, que es Padre de todos, su perdón.
Y entonces, rogando por ese perdón, nos damos cuenta que la oración es lo que nos acerca al perdón. Y así también nos damos cuenta que orando nos comunicamos con Dios y entre nosotros también.
Y así también caemos en la cuenta que iniciamos un proceso lento de perdón, no sólo de nuestros padres sino también de nosotros mismos como padres y como personas.
Oremos por ese perdón y perdonémonos. Perdón por no comunicarnos, por ser tan Giles que no aprendimos algo tan fundamental entre seres humanos. Que mil veces es mejor aprender a comunicar sin temor lo que sentimos que lamentar después haber cometido una falta, un pecado: la agresión, el abuso, la indolencia, la mentira, el silencio cómplice.
Es mejor para un Gil aprender a comunicar y abrirse ante el otro, desnudando humilde y valientemente nuestra pobre humanidad, que vivir después la amargura de la culpa que hace tan difícil la paternidad y el desarrollo como personas. Es mejor abrirse sin miedo que hacer vivir a otro, que espera lo mejor de nosotros, toda una vida de inseguridad, menoscabo y dolor.
Entonces, por compasión, no hagamos de esta corta vida un olvido constante de lo que somos y podemos ser. Por compasión de los demás y de nosotros mismos, evitemos dejar pasar una y otra vez lo que podemos arreglar aquí, en este espacio y tiempo que llamamos vivir, lo que no podremos arreglar en ningún otro lugar.
Vivamos como Giles, pero para ser Buenos Giles. No necesitamos irnos a otras vidas con equipaje de sobra y pagando sobrepeso. Emprendamos ese vuelo ojalá solo con la tarjeta de Crédito Celestial llena en el bolsillo. No seamos tan giles. Oremos …




